
En un mundo sin ciencia terminaríamos recorriendo desiertos con Max Rockatansky, mientras recorremos cientos de kilómetros por un gramo de agua o petróleo. El mundo está en un caos permanente, donde todas las fuerzas se neutralizan alcanzando un equilibrio nervioso. En 1972, el Club de Roma publicó su estudio "Los límites del crecimiento", en el que se pronosticaba un fin de siglo XX lleno de problemas por agotamiento del petróleo y alimentos insuficientes. El error que cometieron este y otros informes similares fue calcular la capacidad de carga para el planeta. No tuvieron en cuenta el progreso del ingenio y la innovación, que se ha demostrado el mejor recurso que el hombre tiene a su alcance. Hasta ahora, las predicciones más catastrofistas nunca se han cumplido gracias a los progresos de la ciencia.
Necesitamos investigar el fin de las enfermedades, descubrir el principio de las cosas, encontrar otras nuevas. Las cosas más cotizadas hoy pueden dejar de serlo en un abrir y cerrar de ojos. Para eso, necesitamos investigación. Todo aquel que no piense en la investigación como la solución de nuestros problemas está equivocado. Si pensamos en el aquí y en el ahora nos olvidaremos del mañana.
Si no apostamos por la investigación y la innovación lo pagaremos en el futuro. Esto es algo que ya estamos pagando en el presente pero quiero pensar que no somos tan torpes de caer dos veces en la misma piedra. Quiero pensar que al menos esta crisis nos ha servido para aprender algo. El tiempo me dirá si soy demasiado optimista.